Momentos Magicos
En la casa que construyó mi bisabuela, se reunía el mundo entero.
Cada 24 de diciembre, entre 1968 y 1976, un desfile de gente pasaba por nuestra casa.
Tías, tíos y primos que yo no conocía, además de una avalancha de viejos amigos de la familia.
Llegaban con regalos y sus apetitos.
Mi bisabuela servía plato tras plato de “Pollito de Navidad”, mientras nosotros abríamos regalo tras regalo y bailábamos al son de la radiola.
En una esquina de la sala había un árbol de cinco pies, cubierto de escarcha y decorado con el color que mi mamá hubiera escogido ese año.
Debajo había regalos para todos.
Para los vecinos, la familia, nuestros trabajadores y regalos extra para las visitas inesperadas.
La mesa del comedor estaba bellamente decorada y llena de todas esas cositas deliciosas que mi mamá traía de Estados Unidos.
Almendras Blue Diamond.
Nueces mixtas Diamond of California, acompañadas de todo un juego de herramientas para quebrar nueces que dejaba a muchos confundidos y a otros matados de la risa.
Toda clase de dulces y galletas.
Y toda cosa rica que encontraban en El Cochinito durante la gran expedición de los consanguíneos.
La gran expedición de los consanguíneos estaba compuesta por mi mamá, mi tío y mi tía. Los tres solitos salían de compras.
Cuando volvían, todos estaban enojados porque dos de los hermanos se habían aliado contra el tercero y habían discutido por una tontería.
Una Navidad, Tía Nena llegó con dos regalos para mí.
Yo no tenía la menor idea de quién era Tía Nena, pero ¡qué buen gusto tenía para escoger juguetes!
Me regaló un juego de ollitas y sartenes de aluminio y un juego de platos.
Las ollas y los sartenes eran tan buenos que mi bisabuela terminó robándose un par porque eran “perfectos para freír huevos”.
Cuando llegaba la medianoche, todos nos abrazábamos.
Dábamos gracias por todo lo que teníamos.
Y los vecinos pasaban corriendo a darnos sus abrazos.
Todos los amigos de mi tío bajaban corriendo desde la esquina donde se reunían y reventaban cohetes, para abrazar a mi tío y a toda la familia.
Eran como 20 en total.
Todos escandalosos.
Todos emocionados.
Todos muy cariñosos.
Todo parte de una infancia complicada que quedaba olvidada durante esos momentos verdaderamente mágicos.
Estoy segura de que mientras leías esto, tú también recordaste.
Dime. ¿Cuáles fueron tus momentos mágicos?
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